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viernes, 7 de noviembre de 2014

Cawale, después de tres años...


 “Donde fuiste feliz alguna vez, no debieras volver jamás.  El tiempo habrá hecho sus destrozos y habrá levantado un muro fronterizo contra el que la ilusión chocará estupefacta”.  Pocas veces he sido capaz de hacer caso a esta desbordada prudencia; si alguna vez no volví donde fui feliz, fue por tiempo o  por dinero, los dos grandes irreconciliables.
Cuando te marchas de algún lugar siempre lo haces pensando en que volverás, al menos te reconforta planteártelo de esta manera. Con inseguridad pronuncias un “hasta pronto” que consuela, aunque derramas lágrimas, pues si bien te resistes a reconocértelo así, es probable que esa  despedida sea la definitiva.
Pasan los días, los meses e incluso los años y la nostalgia sigue ahí, el recuerdo se va dulcificando, olvidas las veces que viviendo lejos deseaste volver, olvidas los esfuerzos del principio, olvidas el trabajo costoso de adaptarte a un lugar extraño, lleno de gente extraña, y en tu mente solo va sobreviviendo lo bueno. Esos supervivientes se van haciendo cada vez más fuertes en tu cabeza, incluso comienzas a echar de menos aquellas cosas que aborrecías en su momento. Aprendes a convivir entonces con las “saudades” y siempre imaginas una vuelta….
He fantaseado mil veces con el regreso a Guinea-Bissau, a aquella “terra sabi” donde una vez fui tan feliz y ahora os lo puedo contar:
Abril del 2014, la época seca está azotando con toda su fuerza el suroeste de Senegal, hace mucho calor, aunque dicen que este año está siendo más suave que los anteriores, a mí me parece el puro infierno.  Llevo  seis meses viviendo en Dindefelo, trabajando para el Instituto Jane Goodall en un proyecto de conservación del chimpancé en África Occidental. Han sido seis meses increíbles, he terminado el trabajo que debía realizar y me preparo para viajar a Guinea-Bissau. Otra despedida, otro “hasta luego”, aquí dejo muchas cosas… Pero esta vez, el momento de separación está impregnado también de ilusión, después de tres años vuelvo a Guinea, soy un manojo de nervios. Me despido de parte del equipo, trato de aguantar las lágrimas, me despido de Aisha “mi hermana” rompo a llorar. Monto en el coche, con el macuto gigante, apretadísima, no sé dónde poner mis piernas. Me espera un largo viaje. ¡Hasta siempre Dindefelo!
Si cogéis un mapa, podréis ver que la distancia que separa Dindefelo de Bissora no es tanta. Senegal y Guinea-Bissau son países vecinos…. Pero ¡Aaaah! Viajar por África, nunca, nunca se sabe cuándo llegarás a tu destino. Así que después de casi una semana ¡Por fin! Llegué a casa…
Amanecía en Bula (a tan solo una hora y media de Bissora) por primera vez sentía el frio después de mucho tiempo, ya estaba acompañada por un antiguo amigo. Uri había ido a recogerme la tarde anterior, su familia iba a darme casa y comida en Bissora. Me dice que son los únicos que saben de mi llegada, va a ser una sorpresa, como habíamos acordado por teléfono días antes de cruzar la frontera.
Todo es raro continuo hablando a Uri en francés (idioma que el domina, pues su padre es de origen senegalés), él se ríe, me mira sorprendido y me dice: “¡Paula, te has vuelto senegalesa, vamos a hablar criollo, estas en Guinea!”. Aún no soy consciente… Estoy muy nerviosa, doy saltos, abrazo a Uri, me rio, vuelvo a abrazar a Uri... Quiero llegar ya a Bissora y verlos a todos: Mama Arminda, L.W, Leopold, Kunadi, la gente de ADPP, Bari… y como no… ¡CAWALE!
Podría contaros mil cosas, de hecho ahora que lo escribo y recuerdo me vuelven los nervios, pero me iría por las ramas como siempre. Asique voy a lo concreto a partid de ya.  Quiero contaros como fue la visita a Cawale, a su gente, a su escuela, a nuestra escuela, a vuestra escuela.
He quedado con Idrissa mi vecino, también vienen Neus y Ruben (amigos del Instituto Jane Goodall, que llegaron ayer a Guinea), enfilamos el camino que nos lleva a Cawale, la gente que encontramos por el camino, me reconoce, me miran y me gritan: “¡Has vuelto!, ¡Vuelves a Cawale!”.
Caminamos, charlamos, huele a cajú, los frutos están maduros, en unos días comenzará la campaña. Yo voy absorta en mis pensamientos, miro al suelo, no puedo disimular que muero de miedo. ¿Qué me voy a encontrar? ¿Cómo estará la escuela? ¿Cómo estará la gente?.... Mil dudas, mil preguntas me asaltan durante los 6 km, que separan Bissora de Cawale. De repente tomamos un camino, desconocido para mí, Idrissa me avisa que se trata de un atajo. Es curioso…. Estuvimos casi ocho meses andando y desandando la distancia de Bissora a Cawale y tres años después descubro un nuevo camino.
Antes de lo que esperaba, comencé a ver los primeros techos del pueblo. Creo que voy a explotar, tengo demasiadas emociones y ni siquiera soy capaz de identificarlas, el miedo se mezcla con la alegría.
Saludo a la primera mujer que veo barriendo la casa, temo que no me reconozcan.  Ella enseguida sonríe, me estrecha afablemente la mano, después se la lleva al corazón, me mira señala la escuela, habla en mandinga, no la entiendo, sonrío agacho la cabeza en señal de respeto, me llevo la mano al corazón
Voy acercándome a la explanada de la escuela… Los latidos se aceleran bruscamente.  Y allí esta, menos blanca y azul que cuando nos despedimos, el tiempo claro que ha hecho de las suyas. Se ve más sucia, más vieja… ¡Pero eso que importa!
No me puedo creer que este de nuevo allí, viendo esa escuela donde pusimos todos tanta ilusión, tanto trabajo. Brahima el profesor se me acerca,  ya nos habíamos visto en Bissora y habíamos acordado vernos de nuevo en Cawale, pero vuelve a emocionarse y me abraza fuerte, se ríe nervioso. Miro alrededor, veo como la gente se va acercando, recuerdo todas las caras, absolutamente todas. Con los niños me cuesta más, en tres años cambian tanto y hay tantos nuevos… Saludos, risas, abrazos. Están todos los hombres allí, sentados en el altillo de la escuela. No veo a las mujeres, están en la huerta. Me preguntan por Alejandro, Lucia, Ivana, me mandan saludos para todos. Escucho un ¡Tam tam! Vuelvo a emocinarme más si cabe, es Malang el tamborilero. Está igual, con su mismo traje de festivo blanco impoluto, su sonrisa, sus ojos brillantes y su gorrito de lana lleno de agujeros. Parece que no haya pasado el tiempo. Necesito bailar, necesito sacar por algún lado todas las sensaciones que me invaden. Comienza a levantarse polvo del suelo mientras los niños saltan al ritmo del tamtam, me uno a ellos.
Después de la diversión toca reunirse y hablar, hablar de cómo están las cosas, de dificultades, de logros, de necesidades… Entramos a una de las aulas, nos sentamos, el comité de gestión, el profesor y yo. No sé qué hacer… Brahima, me echa un cable y empieza él. Necesito un resumen de lo que han sido estos tres años,  pues a pesar de que hemos mantenido una conexión telefónica esta ha sido muy precaria, ahora es el momento de evaluar cómo están las cosas. Tal como ellos lo sienten y  como yo lo viví os quiero pasar la información; pues vosotros y vosotras en su momento, no pasasteis indiferentes a las necesidades y sueños educativos de un pueblo y quisisteis colaborar y hoy, después de tres años he de deciros:
Malang, haciendo sonar su tamtam
La escuela sigue funcionando bien, dan dos clases por la mañana, dos por la tarde y una por las noches. ¡Sí por las noches! Nosotros dejamos la instalación para una futura placa solar y esa placa ha llegado. Ahora tienen una de las dos salas con iluminación para dar clases de alfabetización a las personas más adultas de Cawale.
Si la escuela continua funcionando es gracias a la comunidad, a su esfuerzo diario, a su dignidad. Pues la situación política de Guinea, no hace posible un estado fuerte que pague a los profesores. Durante el primer año hubo un profesor público, pagado por el gobierno, pero tras varios golpes de Estado, los funcionarios han dejado de recibir su sueldo y por lo tanto han dejado de ejercer. Brahima, continua al pie del cañón. Sé que está agotado, pues la comunidad muchas veces tampoco tiene dinero para pagarle a él, pero también sé que no va abandonar, es su vida.
Alumnos en clase
La única mala noticia y en la que me hicieron mucho hincapié e insistencia fue el pozo… El pozo que también construimos, al cabo de tres meses se derrumbó pues no tenía suficiente cemento. Ahora esta inutilizable, por lo tanto no han podido hacer la huerta escolar y se tienen que servir de otros pozos más alejados.
Han construido una letrina para los alumnos en la parte de detrás de la escuela, y también han puesto placas de aluminio en las ventanas para evitar que entre agua y se deteriore la construcción con mayor rapidez. Todas las noches se turnan para que alguien del pueblo duerma en la escuela y así evitar un posible robo de la placa solar.
Creo que tengo poco que añadir, después de tres años, Cawale continua en la lucha. Todo un ejemplo de dignidad. Una comunidad que se esfuerza  día a día para que sus hijos puedan acceder a una educación, un pueblo que ha levantado con sus propias manos y sudor una escuela para que sus hijos puedan aprender a leer y a escribir. Mientras tanto, gobiernos, individuos, Ong´s, organismos internacionales, países occidentales… Sigan llamándoles subdesarrollados… Sigan utilizando esos términos despectivos, sigan creyéndose superiores…. Pero he de deciros que nos dan lecciones de vida. Que ante la adversidad de un mal gobierno, se autoorganizan, que ante la precariedad de la pobreza se ayudan y cooperan, que ante la vida luchan. Mientras tanto aquí, sigamos votando a políticos que nos exprimen la alegría y nos recortan la vida. Pero se me olvidaba… Nosotros somos los desarrollados, los civilizados…
Con la gente de Cawale
 


 

viernes, 17 de enero de 2014

Soy una tubab, no lo puedo evitar.

paulatounkara
Reserva natural de Dindefelo. (Senegal) 

3 meses ya!!  Que han pasado extrañamente lentos y rápidos a la vez.  Estoy en el ecuador de mi estancia en Senegal. Ya he vivido la mitad de la experiencia y hoy, si pudiera en un abrir y cerrar  de ojos me transportaría por unos días a España, con un solo día me valdría para recargar pilas y continuar.



Voy empezando a necesitar una ducha. Hablo de una ducha de esas en las que abres un grifo y sientes como  el agua te cae a presión por todo el cuerpo a la temperatura que tú decidas y en la que tienes las manos libres y te puedes ahorrar  hacer equilibrios para que los pies no se te llenen de barro.  Mi espalda y cuello agradecerían muchísimo una cama. Una cama con su somier y su colchón de muelles y una almohada, en lugar de una espuma carcomida, sucia y fina como el papel de fumar sobre  unos bambús sujetos con piedras y un burruño de ropa para la cabeza.  Mis talones piden a gritos piedra pómez y estar remojados durante horas en agua tibia, las plantas de mis pies tienen ya un color negro incrustado y mucho callo.  Me gustaría tirarme en un sofá mullidito o en su defecto poder sentarme en algún lugar con respaldo, en vez de andar todo el día de cuclillas.  Poder leer o escribir por las noches sin tener que forzar la vista a la luz de una vela prendida, que parece muy bucólico y romático pero os aseguro que es una mierda bastante incómoda. Por un día me gustaría entender todo lo que oigo y que me entendieran todo  lo que hablo.  Deseo con todas mis fuerzas abrir una nevera, admirar su interior emocionada y tras unos segundos de embobamiento por la variedad, atracarla, comérmelo todo de una sentada, aunque no sé si mi estómago aguantaría tanta innovación y cantidad. Echar la ropa a la lavadora y no preocuparme de sacar agua del pozo y frotar sin ningún resultado, pues aquí la ropa siempre está sucia.  Hacerme un chequeo médico de pies a cabeza y asegurar que todo está en orden y que no tengo habitantes pequeños con nombres raros viviendo  a costa de mí. Pasar desapercibida, ser una desconocida y no conocer a nadie, no sentirme observada, dejar de ser blanca, volverme transparente. Necesito unas cañas con sus respectivas tapas, aunque  estas fuesen un cutre revuelto de frutos secos, del cual, por supuesto no me comería los panchitos.  Desterrar el cacahuete de mi dieta, aunque fuese solo una tregua de 24horas. Necesito también unos litros con los amigos, en un parque cualquiera, tirada en un césped. Dejar de espantar a las pesadas moscas. Barrer sin tener que doblar mi espalda. Volver a sentir el frio, incluso ese que hace que te duelan los huesos.  Ver un día llover y mojarme.  Dejar de estar empapada en una capa de sudor continuo. Olvidarme del  arroz, quizás no en forma de paella. Dormir hasta no poder más, sin gallos ni mezquitas como despertador obligatorio. Ver un plato y querer comérmelo con los ojos.  Un buen fiestón con su correspondiente mañaneo. Agua y luz con un simple movimiento de muñeca. Un conciertazo de esos en los que te quedas afónica. Rodearme de la familia y los amigos. Dejar de desayunar pan duro  y leche en polvo. Ponerme un pantalón  corto si me da la gana. Un baño, con su wc y su cisterna y su rollo de papel higiénico. Poder moverme por la noche sin depender de una linterna. Dejar de ser vegetariana. Conseguir unos minutos de puro silencio y volver a mí concepto de intimidad.
Aunque esto fuese solo por un día. Un día de lujos, vuelta a la comodidad por 24horas, para luego volver a vivir en la pura naturaleza, en la tierra que todo te lo da y todo te lo quita.
Soy una tubab, no lo puedo evitar y por muy feliz y adaptada que aquí me encuentre tengo mis días de morriña. Pero esto sigue! 3 meses más de pura vida por delante y a exprimirlos!

Sé que irrediablemente a la vuelta  lo que echaré de menos será mi parte africana. BESOOS.

lunes, 23 de septiembre de 2013

El lenguaje de la guerra.

José A. Sánchez Tarifa es doctor en filosofía, criminologo y antropólogo, pero sobre todo es un viajero . El autor narra sus aventuras por el continente africano en su libro " África en el corazón del viajero" Último libro que ha caído en mis manos y que estoy devorando con mucho gusto.Hacía tiempo que un libro no me enganchaba tanto, comencé anoche con él y hoy apenas me quedan un par de capítulos para darle fin.
 Tal vez, el autor comparte la misma pasión que yo por el continente y por ello ha conseguido conectar  a la perfección con mis emociones, especialmente ahora que me queda apenas un mes para volver a tierras africanas.
Uno de los relatos que leí ayer me impresiono mucho y por eso lo quiero compartir aquí.

"-¿Tú de donde eres?
-Sierra Leona, muy bonito pero ahora hay problemas.
-¿Enfrentamientos?
-Sí un gobierno corrupto que dilapida las riquezas del país , sostenido por gobiernos occidentales, a costa de la miseria de millones de personas y de unos asesinos integrados en las Fuerzas de Defensa Civil que hacen todos los trabajos imaginables. Defienden al gobierno y son los que incumplen la ley (...) Es una gentuza de la peor calaña, no se puede tratar con ellos. Nos hemos tenido que defender de estos criminales  y hemos tenido muchos muertos. Mi grupo era especial y estábamos integrados en el Frente Revolucionario Unido. Teníamos confianza en alcanzar la victoria porque había mucho apoyo popular. Al final, el Frente Revolucionario entro en conflictos internos, había demasiados intereses y gente de ideología muy diferente (...) solo nos unía nuestro desprecio al gobierno vigente, ahora el grupo se ha desintegrado y me he quedado en una situación absurda. Sólo sé guerrear, nací en la guerra y es lo único que conozco. Sin grupo, no soy nadie, ya me dirás que futuro me espera. A pesar de las adversidades sobreviviré, estoy acostumbrada a las dificultades y a buscarme la vida.
-Las guerras siempre son malas, hay que evitarlas.
-Eso es fácil decirlo. Los que no habéis vivido una guerra no sabéis lo que sucede en la mente de las personas. Todos los implicados estan dispuestos a matar porque presumen que van a morir. La guerra es un fenómeno social de dimensiones pavorosas. Nunca lo comprenderás. Te aconsejo que te vayas a un lugar en guerra y que stes allí un tiempo. En el fondo es una experiencia muy interesante para conocer bien al ser humano (...) Las guerras son lamentables en un sentido general. Se producen grandes injusticias, pero también grandes justicias. Yo lo único que digo, es que si no has vivido una guerra, tú no sabes quien eres en realidad. Y conocerse a fondo es algo bonito.
-¿Por qué estallan guerras tan violentas en África?
-Es gracioso que eso me lo pregunte un europeo. Respondeme tú por qué  ha habido esas guerras tan descomunales en tu continente; esas sí que han sido terriblemente violentas... con millones de muertos y decenas de países implicados, en enfrentamientos con enemigos exteriores e interiores. Los blancos sois los auténticos especialistas en la crueldad humana. Vuestros inventos para el exterminio del enemigo son diabólicos. Eso nunca hubiera surgido de los africanos; nosotros somos nobles y dóciles por eso se nos ha esclavizado durante siglos. Nuestras guerras son de baja intensidad, continuamente se perdonan vidas (...) A la gente le cuesta trabajo eliminar a un capturado. Nuestras guerras son atípicas, demasiado inocentes. (...) El fin occidental ha sido aniquilar al enemigo por cualquier medio, el europeo no sabe ponerse en el lugar del otro, al enemigo se lo considera infrahumano (...) Algunos dirigentes africanos, incluso asesinos, fueron juzgados públicamente y después le conmutaron la pena de muerte, no tanto por ellos, si no por sus familiares, nos ponemos en lugar de las madres, es algo terrible experimentar cómo muere un hijo. Por eso, preferimos perdonar vidas, si es posible, a veces no se puede impedir la muerte de los enemigos, quien ha vivido una guerra sabe lo que digo (...) En la guerra cualquier acto que se comete tiene un gran sentido. Estamos hablando de una situación extrema. (...) El movimiento diplomático en una guerra africana es impresionante; familias mixtas que piden el cese de enfrentamientos, reuniones continuas de linajes enfrentados proponiendo acuerdos, líderes religiosos que públicamente exponen que se están matando a hermanos de creencias, jefes tribales que intercambian a sus propios hijos para neutralizar a los más radicales de su bando... en las guerras hay continua invitación a la paz, pero parece como una locura colectiva que se adueñara de la mente de las personas. En la guerra lo más cruel es el exterminio, en mi grupo los oficiales asesorados por occidentales, consideraban imprescindible la ejecución de aquellos prisioneros que no pudiéramos mantener porque liberarlos es dar fuerza humana al enemigo. Precisamente, los guerrilleros nos opusimos a esas ejecuciones abusrdas, estando dispuestos incluso a compartir nuestra ración diaria de comida con ellos, con tal de que continuaran vivos. Sabemos que tarde o temprano la guerra acabara y cuando esto suceda no podremos devolverles a las madres sus hijos muertos. Otro sector del grupo propuso que en lugar de matarles, cegaramos a los prisioneros, esto se puede juzgar como crueldad, pero es un acto de estrategia militar que nos dignifica. Se trata de neutralizar fuerza militar tratando de causar el menos daño posible. El grupo también se opuso a esta estrategia, considerándola inhumana, por último consideramos la amputación de las manos, para que los capturados no pudieran volver a coger un arma. Y eso fué lo que hicimos. 
-¿Pero no deja de ser una barbarie, esas personas se quedan sin manos para siempre?
-No puedes venir tú desde tu confortable posición de profesor, a decirme lo que hay que hacer en una guerra, en la que tu propia vida está pendiente de un hilo. (...) ¿Hubiera sido mejor ejecutarlos a todos? Esto era una posibilidad muy fácil de aplicar para nosotros. Estoy muy orgullosa de lo que hizo mi grupo. Era muy humano y siempre se respetó al enemigo como si en un futuro pudiera ser un aliado. Pregúntale a tu madre qué le gustaría más: verte muerto, sin ojos o sin manos. La gente que no ha vivido una guerra resulta estúpida, habla sin saber lo que dice. Nos están muy agradecidos, saben que les hemos salvado la vida. Recuérdalo para siempre; si quieres comprender una guerra, debes primero hablar el lenguaje de la guerra. Si no lo hablas, no te enterarás de nada. Ni comprenderás ni se te comprenderá. Sólo expresarás disparates. (...)
-¿Y qué piensas hacer ahora?
-Tengo varias posibilidades. Me han hablado de la recolección de cacao en Costa de Marfil o en Senegal con la pesca, o si tengo suerte... puede que me acepte algún bando que esté en guerra. A fin de cuentas, es lo mejor que sé hacer, por no decir lo único, y en el ejército no se vive tan mal. Tienes la comida garantizada y el riesgo no es tanto, si sabes actuar con cautela.
- Pareces joven y sin embargo tienes mucha experiencia de la vida.
-No soy tan joven,tengo ya diecisiete años."

"La guerrillera. África en el corazón del viajero. J.A. Sánchez Tarifa."


lunes, 16 de septiembre de 2013

Me voy...


Búscate un trabajo serio, deja de viajar a  países raros, es peligroso.  
Para de dar tumbos por el mundo, encuentra tu sitio y estabílizate.   
Niña  haz algo de provecho.
Gana dinero, mejor que no sea en negro. 
Acumula.
Estudia, trabaja, consume, come y calla. 
Engorda, adelgaza.
Adáptate, progresa, sigue estudiando, demuéstramelo con un titulo  y paga  lo que sabes. 
Aprende a conducir y cómprate un coche, gasta gasolina, paga el seguro, el parquímetro y las multas. 
Tal vez deberías pensar en tener algún día una casa, un sitio fijo.  
Asienta la cabeza y asiente con ella.  

Piensa en tu futuro............. 

ME VOY!

Que ya no me acuerdo hace cuanto me crecieron estas alas, pero si me nacieron fueron  para volar. Migro temporalmente a un continente que me enganchó, me voy a conectar con la tierra, con mama naturaleza,  a vivir sin reloj, a vivir, a aprender viviendo.
Yo soy mucho de echar de menos.  Echar de menos olores, sabores, conversaciones, lugares, amigxs, familia, bares, fiestas, risas y confidencias, abrazos y besos, echar de menos también momentos. Pero todo esto me lo llevo. Os llevo a todxs en mi mochila, algunxs ocupáis más que otrxs, pero todxs vais dentro.

 Me voy con la ilusión de hacer algo nuevo y con el miedo de no saber hacerlo.  Me voy cargada de energía para dar todo lo que puedo y dejarme impresionar por todo lo nuevo. Me voy con incertidumbres y con fantasías.  Me voy con un montón de páginas en blanco para escribir. Con desafíos nuevos. 
Viajo para aprender, sembrar y recoger. Viajo también para perderme y luego encontrarme.  Viajo sin billete de vuelta. Esta vez no será el avión quien me haga volver, ahora espero a que me llame otra fuerza. 

A lxs que se preocupen por mí, decirles que estoy segura de que estaré bien, el cuerpo me lo pedía y yo solamente le he escuchado. Hasta pronto! 



Pau

martes, 10 de septiembre de 2013

BULOTNI


Retrato de una de mis hijas de Guinea, con lapices de colores y carbón.

-Pau-

domingo, 11 de diciembre de 2011

AmInAtA.

Retrato de Aminata.

Ella fué una de mis pequeñas vecinas en Guinea-Bissau. Tan tierna y ñoña a la vez.
Hecho a carbón.

PAULA MUÑOZ ANTÓN

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Hasta siempre Malam Mané!

Iba en el autobús camino de la universidad, intentando concentrarme en un trabajo que debía entregar en unas pocas horas , cuando ha sonado mi móvil. Tras rebuscar unos minutos en el gran manojo desastroso de cosas que suelo llevar en el bolso he conseguido sacar el teléfono. Al mirar la pantalla el prefijo 245 (Guinea-Bissau) ya ha activado una alarma en mi. Pues últimamente cada vez que recibo una llamada desde ese punto del planeta es para comunicarme alguna triste noticia

Era Ussumanie, el secretario de la escuela de Cawale. No se anda con rodeos, así son siempre las conversacines telefónicas con Guinea, apresuradas pues nunca hay saldo suficiente y entrecortadas porque nunca hay cobertura. El mensaje llega rotundo y conciso Malam Mané ha muerto. No tengo tiempo ni para articular una sola palabra, mis ojos ya se tornan vidriosos y tengo un nudo apretando mi garganta,  el teléfono se corta... piiii piiiiiiiii piii......las lágrimas se precipitan y rompo a llorar, otra vez más un amigo muere allá en ese pedacito de África que ya es un pedacito de mí.

Malam Mané era miembro del comité de sabios de Cawale y director del comité de gestión de la escuela comunitaria. Era una gran figura para el pueblo de Cawale y lo acabó siendo también para nosotros.
Recuerdo el día que llegamos con nuestras bicicletas a aquella remota aldea, algo sofocados y sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar, ni lo que íbamos a hacer, es decir bastante perdidos. Recuerdo las primeras asambleas, las primeras grandes acciones colectivas y al recordar todo este proceso siempre aparece él, de principio a fin, Malam hizo posible que el proyecto de la escuela fuese una realidad.
Fue un gran lider, capaz de movilizar y entusiasmar a mujeres, hombres, grandes y pequeños. Siempre mostró confianza en la gente de su pueblo, nunca desistió, ni siquiera en los momentos en los que nosotros nos desinchabamos y perdiamos fuerza ante las adversidades, ni siquiera en los momentos en los que ellos flaqueaban. Nunca perdió la confianza en esos tres blancos que un buen día se plantaron en su aldea. Siempre con su mirada complice, sus palabras justas, su posición crítica, su trabajo incesable. 


Él fue de los pocos que desde un primer momento asumió una relación horizontal, algo que realmente me reconfortaba, pues no soportaba que me vieran como autoridad. Un estigma que realmente fue difícil de eliminar pero que entre todos conseguimos. A veces era rotundo, para mí siempre fue ese feedback de mi trabajo, necesitaba sus críticas, su visión, su apoyo, su ánimo, su presencia. Un hombre carismático sin lugar a dudas que se hizo querer entre todos, Cawale reconoció su mérito nombrandole director del comité de gestión, así quisieron organizarse.


Siempre con su discurso sereno y pausado, esforzándose por hacerse entender en un portugues algo oxidado pero orgulloso de tener esa herramienta lingüística que le empoderaba en su liderazgo. Siempre tomando notas, apuntando cada día los pasitos que se iban dando: hoy 600 bloques de adobe, mañana comisión de arena... traduciendo de mandinga a criolo de criolo a mandinga...


   Se ha ido...”djto ka tem” (no se puede hacer nada) como dirían los guineanos.

    Hasta siempre Malam Mané...................“bu sedu ba bom pikadur"
                                                                           (Has sido un grande)


  PAU

jueves, 20 de octubre de 2011

Mujeres mauritanas.


Mujeres mauritanas sentadas en la puerta de un mercado. (acuarelas y rotus)
Mujer mauritana en el puerto de Nouadhibou (acuarelas y rotus)


PAULA MUÑOZ ANTÓN

lunes, 26 de septiembre de 2011

RUTA TRANSAHARIANA (mapa del recorrido)

El continente olvidado por excelencia, la cuna del hombre.
Cuando pisas su tierra queda impregnada en tí y va contigo allá dónde tu vayas. Su textura puede ser suave como la seda o bruñida y trabajada como las manos de sus hombres y mujeres.
África es espeluznantemente bella ,capaz de lo mejor y lo peor. Es capaz de evocar tristeza y alegría al mismo tiempo, arrancarte una carcajada y desplomarte en un sollozo. A veces dormida y desconsolada otras eternamente viva.
Su ritmo a veces te arrastra y atropella ,otras te mece lentamente y acuna el estress característico de occidente en un sopor pausado y profundo.
Sentirla y vivirla te llena de energía a la vez que te inmoviliza.
Su aroma natural a tierra, a hoja a fruta puede embriagarte, pero esa naturalidad sin falsos perfumes sintéticos también puede llegar afixiarte.
Sus gentes duras, aparentemente impenetrables te abrazan y acogen sin esperar nada a cambio.Los niños inocentes y puros te dan lecciones de vida.
África la madre naturaleza, la tierra saqueada.
Lugar de culturas ancestrales, la gran desconocida. Sus ritmos y danzas te hipnotizan. A veces vibrante y sonora otras tan callada y silenciosa.
África la tierrra de las contradiciones no deja a nadie indiferente...

LA RUTA

Ahora que tengo tiempo , puedo dedicarme a escribir sobre mi viaje de vuelta de Guinea Bissau.
Aquí he dibujado un mapa donde estan indicados los puntos donde párabamos.
Las lunas son las noches que pásabamos en cada lugar, muchas de ellas están por el camino ya que viajábamos por la noche para ahorrarnos el pagar un hostal , intentar no enterarnos de los largos caminos y pasar menos calor por el sofocante desierto del Sahara.

1ª Etapa: Bissora-Bula-Zinguinchor-Dakar.
*Tres noches en Dakar.
2ªEtapa: Dakar-Sant Louis-Rosso.
*Una noche en Rosso
3ªEtapa: Rosso-Nouakchott.
*Tres noches en Nouakchott
4ªEtapa: Nouakchott- Nouadhibou
*Una noche en Nouadhibou
5ªEtapa: Nouadhibou-Dakhla
*Una noche en Dakhla
6ªEtapa: Dakhla-El Aáiun)
*Una noche de transporte.
7ª Etapa: El Aáiun-Essauira.
*Una noche de transporte + dos noches en Essauira
8ªEtapa: Essauira-Marrakech
*Tres noches en Marrakech
9ªEtapa: Marrakech-Fes.
*Una noche de transporte + dos noches en Fes.
10ª Etapa: Fes-Chefchaouen.
*Una noche en Chefchaouen.
11ªEtapa: Chefchaouen-Tetuan-Ceuta-Algeciras.
*Una noche en Algeciras.
12ªEtapa: Algeciras-Cadiz.
*Dos noches en Cadiz.
13ªEtapa: Cadiz-Madrid............



PAU













sábado, 3 de septiembre de 2011

Siete atardeceres y un amanecer en África

Playa de Bambú (Gambia)
Playa de Bambú (Gambia)
Playa Bambú (Gambia)
Amanecer en el rio Cassamance (Sénegal)
Región de Cassamance (Sénegal)

Rio Cassamance (Sénegal)

Región de Cassamance (Sénegal)

PAULA MUÑOZ ANTÓN

martes, 23 de agosto de 2011

POR FATU.

En África, dijo alguien, los muertos son negros y las armas son blancas. Así empezaba un artículo de Saramago que publiqué en este blog antes de partir hacia Guinea-Bissau. Ahora que he vuelto y llevo un mes y medio en España, tristemente debo recuperar esta afirmación para hablar de lo siguiente.
Todos somos conscientes de que nuestra estancia en el mundo es efímera y vivimos con la seguridad de que algún día moriremos.  Pero en nuestra cotidianidad ella no está presente, pues no es una compañera agradable y es natural que nos desprendamos de ese vaho frio que desgaja solo el hecho de pensar en el fin de este milagro, que es la vida.
Pero en África las cosas cambian, la muerte está siempre ahí, acechando a hombres, mujeres, adultos, jóvenes y niños y ella siempre se lleva a los más débiles. Parece una estampa terrible, pero quizás esa relación tan cercana con la muerte es lo que hace que ellos vivan su presente sin agobios del futuro, ni opresiones del pasado.
Cuando un niño nace en Guinea-Bissau, los padres no sueñan con que su hijo sea periodista, médico, ingeniero… Cuando un niño nace en Guinea, nadie proyecta su futuro, pues es incierto.  Los padres luchan por sacarle adelante,  luchan por la supervivencia, por el plato de arroz diario, porque ese bebe se haga fuerte y sea una persona más que colabore en el sustento de la economía familiar. Pero esta lucha no es fácil, pues continuos enemigos amenazan la fragilidad de una criatura tan débil.
Estos enemigos se llaman: diarrea, neumonía, paludismo, sarampión, desnutrición, falta de saneamiento básico, falta de acceso a agua potable…. Enemigos fáciles de combatir, si el hombre le plantara cara al egoísmo, a la comodidad y a esa terrible venda que muchos aún insisten en llevar sobre sus ojos, su mente y su corazón.
No sólo es que a la mitad del mundo no le importen los muertos africanos, si no que tristemente, interesa mantener este horror para que los gobiernos de los países ricos, las grandes empresas y en especial las farmacéuticas se sigan llenando los bolsillos de dinero y las manos de sangre. Pues estas muertes en el fondo son asesinatos, ya que estas víctimas también tienen sus verdugos.
Alrededor de 29.000 niños y niñas menores de cinco años mueren por minuto por causas evitables.
El hambre no es un desastre natural como nos quieren hacer creer, pues existen recursos suficientes en la tierra para alimentar a 8.000 millones de personas y en el planeta tierra habitamos unos 6.000 millones. Así permitimos que Somalia muera, que en cada familia diariamente ocurra el drama de una pérdida y que se esté produciendo un éxodo masivo.
 Hoy es Somalia, mañana será Zimbabue, pasado Etiopia…. Pero todos los días es ÁFRICA.
Tristemente puedo ponerle cara y nombre a una de estas víctimas. Hoy para mí deja de ser una cifra alarmante de muertes para convertirse en una pérdida real, ella es Fatumata.
Fatu es la niña regordeta de dos añitos, de la que os hablaba en mis mails cuando vivía en Guinea. Un terremoto de energía que se movía por nuestra casa a todas horas y nos mantenía una sonrisa dibujada en la cara. La más pequeña de una familia muy  especial que pasó a ser nuestra familia africana.


ñha filha


 Nunca olvidaré el primer día que la vi, entro en casa sigilosa, por la puerta de atrás, que siempre andaba abierta y se plantó en el salón. Estaba llena de mocos, su tripa era enorme (algo común en muchos niños de Guinea) y llevaba un vestido naranja muy alegre que resaltaba en su piel marrón. Nos miramos, yo sonreí, ella permaneció impasible. Me pareció una niña triste, pero  desde el primer momento me transmitió una ternura especial. Partí unas naranjas y las aplasté para que pudiera beber el zumo, se relamió y enseguida comenzó a sonreír, no sé cuánto tiempo estuve con ella hasta que apareció Cadi, su madre, pero recuerdo que se estableció algo especial, la cogí cariño enseguida. Al cabo de unos días las visitas de Fatu se hicieron usuales, siempre venía acompañada de Augusta y Domingas, sus hermanastras, a las cuales también quiero y recuerdo todos los días.  Fatu correteaba por la casa, se revolcaba por los pasillos, se subía a los colchones, jugaba a matar hormigas, gritaba y balbuceaba ese extraño idioma que tienen los niños y en unos meses se convirtió en la reina de la casa. Tan grande era el afecto mutuo que Domingas comenzó a llamarme “mame di Fatu”  y al final la propia niña comenzó a llamarme mamá.
Un día nos sorprendieron con la triste noticia de que Fatu se marchaba a Barro, otra ciudad. Pues Cadi no podía hacerse cargo de ella y en casa de su hermana la necesitaban, esperarían a que creciera un poco y  pronto Fatu podría trabajar junto a su tía lavando platos.
Allí estaba ella, en la puerta de casa con su mochilita y un gorro protegiéndola del Sol, sin saber muy bien lo que pasaba ni a donde iba, al lado Cadi su madre destrozada por el dolor de la separación. Acompañamos a Fatu y a su abuela a la plaza de Bissorã, recuerdo que era viernes, día de Lumo (mercadillo) y aprovechamos para comprar un vestidito a Fatu. Montaron en un camión y se marcharon, se me formó un nudo en la garganta y al volver a casa sólo sentí un inmenso vacío. La próxima vez que Fatu la niñita de dos años, visitará Bissorã lo haría convertida en una mujer.
Ayer 22 de Agosto del 2011, llamé a Jahir un amigo guineano, la noticia me descolocó y retumbó en mi cabeza. Fatu la hija de Cadi había muerto esa misma mañana. No lo podía creer. ¿Qué había pasado? Tenía fiebre. Fatu nunca habría muerto de esa manera, ni a esa edad en el mundo rico. Y así cuántos niños como ella mueren en el continente olvidado por cada abrir y cerrar de ojos.

“Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.”




PAU

jueves, 7 de julio de 2011

Ruta por Cassamance (3ºParte)

A la mañana siguiente nos despertamos dispuestos a emprender una nueva travesía, esta vez en velero. Finalmente decidimos navegar desde Carabanne hasta Zinguinchor (algo que nos llevaría un par de días). Una vez allí volveríamos a Guinea, Abraham y Neus cogerían un ferri para Dakar y Alex se quedaría esperando en Zinguinchor algunos días a Francisco y Adela.

Fue René quien decidió lanzarse al agua y nadar hasta el velero que estaba anclado a unos 30 metros de la orilla para avisar al pirata que dormía en él, de que estábamos dispuestos a partir.

Recogimos los macutos y nos fuimos a comer a casa de Francisco y Sheriff un arroz con pescado riquísimo. Después de una larga sobremesa sentados en la arena de la playa, nos movilizamos para buscar un bote que nos acercara con todo el equipaje hasta el velero de Alex. Fue una tarea complicada, tuvimos que hacer equilibrios para conseguir embarcar todos: René, Ivana, Lucía, Panto, Neus, Abraham y yo, más todos los macutos, una docena de huevos, dos garrafas de gasolina y 18 litros de agua, en un bote que media apenas 2 metros de largo y 1 metro de ancho. Como no conseguíamos remar con la suficiente fuerza, nos tuvo que ayudar Saliff, un joven de la isla con la fuerza de un toro, que se lanzó al agua para empujar la barca hasta llegar al velero. Al otro lado de la orilla quedaron agitando sus manos para despedirnos Francisco, Sheriff, Adela y Buba, el pobre niño lloraba sin parar por nuestra partida.

Una vez todos en el velero, comenzamos a ordenar los equipajes dentro del pequeñísimo camarote, como si jugáramos a un tetris. A pesar de las estrecheces y la falta de movimiento conseguimos acomodarnos rápido y zarpar, a eso de las 17:00h.

El velero se llamaba “Genia” era pequeño, pero disponía de un modesto camarote donde dormía Alex y una salita con un par de camas individuales y una cama doble, un fogón de gas y un diminuto baño. Con tanta gente en el interior, el lugar se hacía claustrofóbico y era un autentico horno, por eso prefería permanecer en cubierta aunque el Sol me quemara la piel.

El paisaje era realmente espectacular, a medida que nos adentrábamos en aquel enorme rio parecían pequeños islotes de selva y manglares dispersos en el agua. El Cassamance es el rio más grande que he visto en toda mi vida, pues había momentos en los que se hacía muy difícil avistar ambas orillas. Tuvimos que navegar sin las velas izadas, pues había demasiada corriente y era arriesgado ya que el barco podía encallar y después resultaba muy complicado moverle, por esta razón debíamos llevar reserva de gasolina y navegar a motor.

Cuando comenzaba a anochecer el capitán del “Genia” cambió el rumbo para meterse por el interior de un bolón, un entrante de agua entre dos enormes manglares. Al intentar adentrarse la quilla del velero tocó fondo y se encalló en la arena, Alex tuvo que estar maniobrando media hora para conseguir salir de allí y todos los demás debíamos seguir sus indicaciones para repartir el peso y facilitar el proceso, el cuál no duró mucho tiempo. Según nos adentrábamos, la selva se hacía más espesa y se escuchaban sonidos de animales a un lado y a otro. Todos íbamos sentados en la cubierta, pendientes de cualquier chapoteo en el agua. Como en la tripulación llevábamos dos biólogos el viaje se hizo aún más interesante.

El atardecer en aquel barco fue increíble, el Sol rojo se escondía a lo lejos detrás de baobabs y palmeras, dejando una silueta morada en el horizonte. Llegó la noche y tuvimos que echar el ancla. El barco se mecía suavemente como una hamaca y en medio de aquella completa oscuridad y tanta selva virgen, comencé a sentirme muy perdida y algo insegura. Conciliar el sueño iba a ser tarea difícil. Miraba a un lado y a otro y todo lo que abarcaban mis ojos era absoluta negrura pero si miraba hacia arriba contemplaba un mar de estrellas. Cuando el barco se mecía y se formaban pequeñas olas, en el agua resplandecían diminutos puntitos de colores fluorescentes que parecían purpurina formados por el plancton suspendidos en el agua.

Alex, comenzó a contar historias que cada vez apretaban más fuerte el nudo que se había formado en mi garganta. Nos avisaba de que el ancla podía soltarse y el barco podía andar a la deriva durante toda la noche, de manera que nos desviaría la ruta y andaríamos perdidos. Aunque nos tranquilizaba diciéndonos que no podría llegar muy lejos, mi imaginación echaba a volar y veía en mitad de la nada, deslocalizada pues la radio en aquel lugar por supuesto no tenía señal.

No sólo me preocupaba viajar a la deriva durante toda la noche, si no también los animales acuáticos que se ocultaban en aquellas aguas. Sabíamos que había tiburones martillo, pues ya nos habíamos encontrado uno muerto en la orilla de Carabanne. Alex además nos había hablado de que en aquellas aguas también habitaban tiburones tigre, manatíes que se ocultaban entre las raíces de los manglares e incluso cocodrilos y pitones que podían salir de la selva y sumergirse en el agua. De hecho Alex en su travesía conoció a un francés que navegaba por aquellas costas que tuvo una mala experiencia con una serpiente que se le subió al velero y a la que tuvo que echar a palazos.

Con todas estas historias, fue realmente difícil dormir, aparte del apretado espacio y el calor húmedo que nos empava como si nos estuvieran tirando cubos de agua por todo el cuerpo. Cuando trataba de conciliar el sueño la cadena que amarraba el barco hacía un ruido terrible y de vez en cuando el velero se zarandeaba más de la cuenta. Nuestro capitán, nos intentaba calmar diciendo que eran pequeños peces que jugueteaban alrededor del ancla, pero a mí aquello me parecía un enorme bicho que prefería no imaginar.


Atardecer en el Genia

Después de una noche a duermevela, los primeros rayos de Sol penetraron en mi cuerpo llenándome de tranquilidad. Salí a cubierta y al ver que el barco no se había desamarrado y aquel espectacular amanecer me carguó de energía positiva. Alex se había despertado muy activo y estaba preparándonos el desayuno, crepes con chocolate y té, un manjar para todos esos estómagos que ya llevábamos mucho tiempo en África. Tras el desayuno, zarpamos para Zinguinchor.

A mitad de viaje el barco volvió a encallara en un enorme banco de arena, asique tuvimos que realizar el mismo proceso, cuando Alex decía a popa, pues a popa corríamos todos, luego a proa, babor y a estribor, pero por muchos esfuerzos que hacíamos el velero no salía, pues esta vez la quilla parecía estar muy enterrada. La única solución era tirarnos todos al agua para reducir el peso. Tras dudar un poco, pues chapotear en aquellas aguas para nadie se hacia un plato de buen gusto, uno tras otro fuimos tirándonos al rio Cassamance. Nos enganchamos en el cayac porque el agua tenía mucha corriente y nos arrastraba.


No sé cuanto duró el proceso, pero a mí se me hizo eterno. Después del remojón y una vez el velero fuera del banco continuamos la travesía con tranquilidad, acompañados de unos cuantos delfines que de vez en cuando se acercaban para juguetear. Así llegamos a Zinguinchor, donde nos despedimos de Alex, Neus y Abraham, pues a nosotros aún nos quedaban unas tres horitas de viaje hasta llegar a casa.


Cogimos como de costumbre un transporte que nos prometió dejarnos en Bissorã pero cuando llegamos a Bula a 1h de nuestra ciudad, el coche paró y no quiso continuar, nosotros nos negábamos a salir pues ese no había sido el trato y a esas horas nos iba a costar mucho encontrar transporte hasta Bissorã. Al final vimos una candonga y nos subimos a ella, se había hecho de noche esperando a que la furgoneta se llenara de pasajeros. A mitad de camino las luces de la camioneta se apagaron, no se veía absolutamente nada, pero el coche continuaba andando a toda velocidad. Comenzamos a gritar pues aquello era realmente peligroso. Los caminos están llenos de personas y animales que van de un lado a otro, además de que nosotros éramos un punto negro en la carretera y cualquier coche nos hubiera podido llevar por delante. Gritábamos para para!! Pero el coche continuo andando en la completa oscuridad unos cuantos metros, hasta que paró y en pocos minutos arregló la avería. Fue un gran susto pero llegamos a Bissorã sanos y salvos después de un increíble viaje por el sur de Senegal.

PAU

domingo, 19 de junio de 2011

Ruta por Cassamance (2ªparte)

Al pisar la arena de Carabanne me sentí en un autentico paraíso. Es una isla con una superficie considerablemente grande y una población insignificante para sus dimensiones, pues apenas dispondrá de unas 50 casas, una mezquita y un par de tiendecitas y todo el resto se encuentra recubierto por selva virgen y bonitas playas rodeadas de palmeras cocoteras que parecen agacharse para beber del agua salada del mar.

Nada más llegar nos salieron a recibirnos algunos habitantes, una mujer nos había preparado comida, pues el chico del bar de Elinkin la informó de que íbamos a llegar a la isla. Después de comer decidimos dar un paseo para buscar un lugar donde dormir. Durante el trayecto nos acompaño Buba un niño de unos 4 añitos que se enganchó a mi mano y no se separó hasta que encontramos el sitio donde íbamos a pasar nuestros días de vacaciones. Después de visitar unos cuantos hostales, decidimos quedarnos en un campamento llamado Badji Cunda, el más acogedor de todos, pues eran cabañitas con techo de paja a la orilla del mar, y también el más barato. Los dueños de aquel lugar eran una pareja de hippies franceses ya cincuquentones que durante los 6 meses de seco vivían en la isla y durante la época de lluvias volvían a Francia. Eran una pareja bastante curiosa, el hombre era un músico loco y la mujer parecía vivir en una especie de limbo. Todas las noches se armaban buenas juergas en el campamento. Comenzaban con las cervezas y luego se pasaba al pastis (anís), hasta el momento en el que la cuenta era imposible de llevar porque el dueño estaba tan borracho que no conseguía apuntar en la lista lo que tomábamos. Además de los jefes del Badji Cunda y nosotros, se unían a la fiesta el resto de hospedes que se alojaban en el campamento, que no eran muchos. Una pareja de italianos de unos cuarenta años, que por las noches no se movían de la barra del bar y por el día no se despegaban de la toalla tendida en la arena de la playa y una mujer francesa con su hija y su pareja. La mujer era una hippie también de unos cincuenta y tantos que se unía siempre a la fiesta acompañada de su instrumento, una melódica con la que se arrancaba siempre acompañada de alguien que tocaba el djembe o la guitarra. Su hija no debía de pasar los 12 años, no se despegaba de su gatito y parecía estar algo aburrida de aquellas vacaciones y harta de las excentridades de su mamá, aunque a nosotros nos parecieran muy divertidas. La pareja de esta señora era un viejo rasta nativo. Era un hombre parco en palabras, grandote y cojo. Sus rastas ya tenían un color grisáceo y siempre las llevaba cubiertas con un enorme gorro de paja, también tenía una frondosa barba que le cubría la cara y le ensombrecía el rostro a la vez de darle un toque entrañable. Siempre estaba sentado como a la sombra y margen de todo, no participaba en los diálogos, pero se expresaba con su guitarra vieja y desafinada. 


La verdad que formábamos una mezcla peculiar de gente de varias procedencias y edades. Desde la primera noche se formó un clima muy agradable y en cierto modo los comencé a sentir como una pequeña familia. Cada quien con su locura, conectamos perfectamente y aunque no podía expresarme mucho verbalmente por el tema del francés, tampoco hizo mucha falta para que todo fluyera entre la música y el pastis. Además de los que vivíamos en el Badji Cunda, por las noches se acercaban algunos isleños, que no eran muchos pues Carabanne tiene una población bastante reducida (500 habitantes).



A parte de la peculiar fauna del campamento, conocimos a Alejandro y Francisco. Una tarde mientras Panto y yo explorábamos la isla escuchamos una voz que gritó: ¡Españoles!, giramos la cabeza y nos encontramos con dos chavales, uno de ellos melenas y barbudo y con un marcado acento andaluz y el otro alto delgado y rubio con aspecto y acento francés. Aunque resultó ser portugués de 28 años que llevaba más de nueve meses viviendo en Carabane.

Francisco es antropólogo y está realizando un estudio sobre la influencia de la presencia blanca en las antiguas colonias europeas del continente africano. Vive en la casa de un nativo llamado Sheriff, un hombre tranquilo, de unos 40 años y movimientos pausados, que vive de la pesca con su pequeña canoa de madera. Aquella casa de paja, levantada en mitad de la arena y decorada con pieles de cabra tintadas, me recordaba al escondite de un viejo pirata. En realidad aquella isla perdida en la desembocadura del rio Cassamance podría ser el escenario perfecto para rodar la Isla del Tesoro. A medida que descubríamos a Francisco nos sorprendíamos más. Habla español, inglés, francés, alemán, italiano, algo de wolof y djola (lenguas de Senegal) e incluso criolo. Francisco había viajado desde Lisboa hasta Guinea-Bissau en autostop con la sola compañía de su mochila, no le bastaba con una vez, este viaje lo ha recorrido 3 veces. De hecho el fue el “culpable” de que el gusanillo que teníamos de volvernos en coche hasta España haya crecido y nos hayamos decidido a embarcarnos en esta nueva aventura. Llegar hasta Marruecos en transporte público cruzando Senegal, Mauritania y Sáhara Occidental. De hecho el nos acompañará en la vuelta hasta España.

Sobre Alejandro podría contar mucho, creo que tiene tantas historias como para escribir un libro. Nos dejó a todos con la boca abierta cuando nos habló de su aventura: había llegado a la isla en su pequeño velero, pasando 12 días en alta mar, desafiando los peligros del océano totalmente sólo. El velero no media más de ocho metros, era de segunda mano, el piloto automático se le había averiado por el camino y además no disponía de ninguna formación, ni titulo de navegación.

Alejandro partió del puerto de Málaga con la intención de llegar a Brasil, sus amigos bromeaban diciéndole que no llegaría ni a las Canarias. Cuando atracó en las islas, otros marineros le convencieron para cambiar el rumbo destino a Senegal, pues el barco no reunía las mínimas condiciones para la hazaña de cruzar el atlántico. Su arrojo, pasión por la vela y la confianza en si mismo le habían ayudado a llegar hasta la costa del África Occidental. Nos comentaba que había sufrido momentos difícil, sobretodo cruzando el estrecho. Es un punto muy complicado donde el mar es muy bravo, debido a que es un lugar donde se juntan diferentes corrientes. Había tenido que huir de la policía, pues le podrían haber multado, por no disponer de titulo y tener la licencia caducada, además de llevar un cargamento de ropa que iba repartiendo por diferentes aldeas aisladas en diferentes islas senegalesas. Tampoco podía acercarse demasiado a las pateras, algo que le resultaba realmente duro, pues comentaba que la gente se encontraba en tan inhumanas condiciones que eran capaces de todo y podían asaltarle, aunque desde el barco les tiraba bidones de agua para ayudarles, pues probablemente llevaran más de 10 días sin beber una gota. Pasamos la noche escuchando anécdotas y nos revolvió las ganas de montarnos en su velero, aunque fuera apenas para ir a conocer otra pequeña isla vecina.

Alejandro viajaba casi sin dinero y había llegado hasta Senegal haciendo trueques con otros marineros, cambiaba ropa, herramientas y aquellas cosas de las que podía prescindir para obtener gasolina, comida, agua…. Nos comentó que andaba algo apretado de pelas, para la vuelta y nos propuso un viaje en su velero con desayuno, comida, cena y cama para pasar la noche, por menos de lo que pagábamos en el Badji Cunda. A todos nos pareció una idea genial, pues todos ganábamos.

Al día siguiente llegaban a Carabanne Neus, una amiga de alicante y Abraham, su compañero de viaje. Ambos biólogos habían pasado un mes en Senegal, en un parque natural con una beca estudiando los chimpancés, y el impacto del turismo en el parque. Junto con Neus y Abraham llegó otra española llamada Adela. Esta chica estaba viajando sola por Senegal, iba de una ciudad a otra con intención de asentarse por un tiempo en algún poblado para aprender danza africana. Al final en aquella isla perdida en el Atlántico, nos juntamos un grupo muy diverso de españoles y un portugués compartiendo unos días de vacaciones.

PAU