Mostrando entradas con la etiqueta Mujer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mujer. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de marzo de 2013

SOMOS MANADA.


Hoy 8 de marzo no queremos flores, no queremos regalos, tampoco queremos felicitaciones. Queremos nuestros derechos, queremos dinamitar los privilegios concedidos al macho y volar el patriarcado.
Hoy salimos a gritar que estamos hartas de la dominación patriarcal de la que ocurre aquí y de la que ocurre allá. Del varón misógino, del machista de izquierdas y del de derechas. De escuchar gilipoyeces como “hoy el feminismo no tiene sentido” de aguantar insultos, de soportar hasta la saciedad la famosa categoría de “feminazi” solo por defender lo que nos pertenece, nuestra dignidad, nuestros derechos, la igualdad.
Todos los días son días de lucha, pero hoy 8 de marzo salimos para visibilizar nuestras reivindicaciones, para vestir Madrid de violeta y empoderarnos las unas a las otras.
Porque estamos cansadas de que se minimicen nuestras quejas y que nos sigan cerrando la boca. ¡CALLADAS NO ESTÁMOS BONITAS!, vamos a seguir gritando y a organizar nuestra rabia para acabar con las injusticias y las agresiones que sufrimos día tras día.
Porque no queremos vuestros piropos, queremos vuestro respeto, porque no necesitamos vuestra protección necesitamos vuestro apoyo. No queremos ser las victimas queremos ser las empoderadas, las rebeldes, las autónomas. Queremos ser nombradas, no queremos estar a la sombra. No seremos más las esclavas, no seremos más las sumisas, no seremos más las invibisibles.
Autodefensa feminista en contra de las agresiones simbólicas, teóricas, físicas o verbales. Porque nuestros cuerpos no se pegan, no se violan, no se matan… Porque nosotras somos las dueñas y por ello decidimos y porque a pesar de haber sido educadas en el miedo no lo tenemos.
Hoy caminamos juntas y seguimos los pasos de todas las que hace ya tiempo comenzaron este camino, porque ellas también eligieron no tener miedo. Pues somos valientes por mucho que se empeñen en retratarnos como princesas frágiles.
Hartas de los estereotipos de género que nos aprisionan, pues no existe una manera de ser mujer sino tantas maneras como mujeres en el mundo. Porque no somos domesticables, no tenemos por qué ser madres a la fuerza, ni porque ser amas de la casa, ni señoritas de nadie, ni esposas, ni sirvientas, ni dóciles, ni santas…
La lucha será de todas y para todas, hay que destejer tanta maraña de envidias y competencias para hilar con sororidad lazos que nos unan en el proceso de emancipación y de lucha contra la opresión.
HOY ES OCHO DE MARZO, PERO NUESTRO DÍA SON TODOS, PORQUE SIN NOSOTRAS NO SE MUEVE EL MUNDO.



Pau

martes, 22 de enero de 2013

TAMBIÉN ES VIOLENCIA


A medida que voy avanzando en mi trabajo de campo sobre la industria de la estética me voy dando cuenta de lo mucho que apesta este mundo. Un espacio más donde el cuerpo femenino se convierte en objeto sometido, en mercancía exigible.
 La publicidad, las revistas, las pasarelas, los centros estéticos, los maniquís de las tiendas de moda… nos muestran una imagen de una mujer icono. Una mujer  sin redondeces, sin estrías, sin manchas “antiestéticas”, sin un solo pelo, sin un gramo de grasa, sin pliegues, sin piel de naranja… No nos  están mostrando un cuerpo, nos imponen un patrón, una norma. Son  cánones de belleza que funcionan como perfectas herramientas de control social, ya que sí estas fuera de estereotipo marcado no eres bella.   De esta manera comienza el estigma, se inicia la lucha interna por llegar a convertirnos  en ese cuerpo que nos venden.  Así nos sometemos a dietas, a duras sesiones de depilación, a torturas en las máquinas de los gimnasios y un sinfín de locuras más que hemos normalizado y no cuestionamos.

 Algunxs pensarán que estas actividades no están de más, ¿Qué problema hay en cuidarse un poquito? A todxs nos gusta vernos bien  ¿Realmente existe alguna persona capaz de vivir  fuera de estos constreñimientos?, ¿Realmente vivimos esta sarna con gusto?




¿Que ocurre cuando esto se transforma en una carrera por la conquista del cuerpo ideal?, En algún punto de esta carrera, entra la industria médico-estética, las nuevas tecnologías, las operaciones quirúrgicas y así los cuerpos comienzan a convertirse en plastilina. Cuerpos que se pueden modificar a base de bisturí y botox.
Industria que crea mujeres inseguras por tener un culo más ancho de lo establecido, porque su vientre no es liso, porque sus pechos no tienen el tamaño “admirable”, y por un sinfín de características más, que el mercado nos  quiere vender como imperfecciones pero que no son más que realidades.   
Nada peor que lo inalcanzable: comienzan los complejos, las frustraciones, incluso los odios a nuestra propia identidad a nuestro propio cuerpo.
 Esta presión sobre el cuerpo, este control que nos exige ser siempre bellas, esas normas sociales que nos exigen estar bien depiladas, bien maquilladas, bien vestidas, bien peinadas, bien “cuidadas”, delgadas, estilizadas, exuberantes …  
                                  
                                TODO ESTO, MUJER, TAMBIÉN ES VIOLENCIA!

A las gordas que aman su cuerpo y lo exhiben orgullosas, a las valientes que no se depilan, a las que les da igual mostrar sus  piernas marcadas por la celulitis, a las que  estigmatizan como feas pero se adoran como son, a las que alguna vez tuvieron que soportar motes como: ballena, foca, jirafa, palillo, spaghetti, plana… pero que a pesar de todo viven sin complejos. A todas ellas un gigantesco ¡OLÉ! Tenéis mucho que enseñarnos.


Pau

miércoles, 21 de marzo de 2012

DIGNA RABIA!


Camiseta pintada a mano: EZLN 15 euros (vendida)
-Pau-


"Buenas noches. Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos.
Para quienes conocen al zapatismo tal vez no sea necesario explicar qué hago aquí, en un acto de mujeres y para mujeres.
Claro que no son mujeres así nomás, sino mujeres que han decidido alzar la voz para protestar por las agresiones que, por parte de la policía, sufrieron y sufren otras mujeres a partir de los días 3 y 4 de mayo de 2006, en San Salvador Atenco, en el Estado de México, en la República Mexicana.
Son, en uno y otro lado, mujeres sin miedo.
Mi nombre es Subcomandante Insurgente Marcos y soy, entre otras cosas, el vocero del EZLN, una organización mayoritariamente indígena que lucha por la democracia, la libertad y la justicia para nuestro país que se llama México.
Como vocero del EZLN, por mi voz toman voz los otros y otras que nos forman, que nos dan rostro, palabra, corazón.
Una voz colectiva pues.
En esa voz colectiva está la voz de las mujeres zapatistas.
Y con nuestras voces y oídos, están también nuestras miradas, nuestras luces y sombras zapatistas.
Me llamo Marcos y entre los múltiples defectos individuales que cargo, a veces con cinismo y desparpajo, está el de ser hombre, macho, varón.
Como tal, debo cargar, y no pocas veces enarbolar, una serie de prototipos, lugares comunes, evidencias.
No sólo en lo que a mí y a mi sexo o género respecta, también y sobre todo a lo que se refiere a la mujer, al género femenino.
A los defectos que me definen individualmente, alguien agregaría el que como zapatistas tenemos, a saber, el de no perder todavía la capacidad de asombrarnos, de maravillarnos.
Como zapatistas a veces nos asomamos a otras voces que sabemos ajenas, extrañas, y sin embargo, semejantes y propias.
Voces que asombran y maravillan nuestro oído con su luz”¦ y con su sombra.
Voces, por ejemplo, de mujeres.
Desde el colectivo que nos da rostro y nombre, paso y camino, nos esforzamos por elegir a dónde dirigir el oído y el corazón.
Así que ahora elegimos oír la voz de las mujeres que no tienen miedo.
¿Se puede escuchar una luz? Y si así fuera, ¿se puede escuchar una sombra?
¿Y quién más elige, como nosotras hoy, poner el oído, y con él el pensamiento y el corazón, para escuchar esas voces?
Elegimos. Elegimos estar aquí, escuchar y hacernos eco de una injusticia cometida en contra de mujeres.
Elegimos no tener miedo para escuchar a quienes no tuvieron miedo para hablar.
Y no sólo. Esos malos gobiernos con sus acciones pretendían cosechar miedo, y ahora resulta que no, que están cosechando indignación y rabia.
Por los testimonios de esas detenidas sin miedo que son nuestras compañeras, sabemos que fueron agredidas como mujeres, violentadas en su cuerpo de mujer.
Y, por lo que sabemos también de su palabra, esa violencia sobre su cuerpo les provocó placer a los policías.
Seguramente para el gobierno, ellas planearon tener cuerpo de mujer y, con perversidad extrema, planearon que ése su cuerpo fuera el botín para las “fuerzas de la legalidad”.
El señor Fox, gobernante federal del “cambio” y del “Estado de Derecho”, hace unos meses nos aclaró que las mujeres son “lavadoras de dos patas” (a confesión de partes, relevo de pagos en abonos y pase usted al departamento de atención al cliente).
Y es que para allá arriba, estas máquinas de placer y de trabajo que son los cuerpos de las mujeres, incluyen las instrucciones de ensamblaje que el sistema dominante les asigna.
Si un ser humano nace mujer, a lo largo de su vida debe recorrer un camino que ha sido construido especialmente para ella.
Ser niña. Ser adolescente. Ser mujer joven. Ser adulta. Ser madura. Ser anciana.
Y no sólo desde la menarca hasta la menopausia. El capitalismo ha descubierto que en la infancia y la ancianidad también se obtienen objetos de trabajo y placer, y para la apropiación y administración de esos objetos tenemos “Gobers Preciosos” y empresarios pedófilos en todas partes.
La mujer, dicen allá arriba, debe caminar por la vida implorando perdón y pidiendo permiso por y para ser mujer.
Y andar un camino lleno de alambre de púas.
Un camino por el que hay que transitar arrastrándose, con la cabeza y el corazón pegados al suelo.
Y aún así, a pesar de seguir las instrucciones de ensamblaje, ir recolectando arañazos, heridas, cicatrices, golpes, amputaciones, muerte.
Y buscar a la responsable de esos dolores en una misma, porque en el delito de ser mujeres viene incluida la condena.
En las instrucciones de ensamblaje de la mercancía “Mujer” se explica que el modelo debe tener siempre la cabeza gacha; que su posición más productiva es de rodillas; que el cerebro es prescindible y, no pocas veces, su inclusión es contraproducente; que su corazón deber alimentarse con frivolidades; que su ánimo debe sostenerse en la competencia contra su mismo género para atraer al comprador, ese cliente siempre insatisfecho que es el varón; que su ignorancia debe alimentarse para garantizar un mejor funcionamiento; que el producto tiene la capacidad de automantenimiento y mejora (y para eso hay una amplia gama de productos, además de salones y talleres de hojalatería y pintura); que no sólo debe aprender a reducir su vocabulario al “sí” y el “no”, sino, sobre todo, debe aprender cuándo debe decir estas palabras.
Y de que, si por algún defecto de fabricación involuntario o premeditado, alguna levanta la mirada, entonces la implacable guadaña del Poder le cercena el lugar del pensamiento, y la condena a sólo andar como si ser mujer fuera algo por lo que hay que pedir disculpas, y para lo que hay que pedir permiso.
Para cumplir con esta garantía hay gobiernos que suplen su falta de cerebro con las armas y los sexos de sus policías; y, además, estos mismos gobiernos tienen manicomios, cárceles y cementerios para las mujeres “descompuestas” irremediablemente.
Una bala, un tolete, un pene, una reja, un juez, un gobierno, en fin, un sistema le pone, a la mujer que no pide disculpas ni permiso, un letrero que reza “Fuera de Servicio. Producto No Reciclable”.
En la casa, el campo, la calle, la escuela, el trabajo, el transporte, la cultura, el arte, la diversión, la ciencia, el gobierno; las 24 horas del día y los 365 días del año; desde que nacen hasta que mueren, las mujeres enfrentan este proceso de ensamblaje.
Pero hay mujeres que lo enfrentan con rebeldía.
Mujeres que en lugar de pedir permiso, imponen su propia existencia.
Mujeres que en lugar de implorar perdón, exigen justicia.
Porque las instrucciones de ensamblaje dicen que la mujer debe ser sumisa y andar de rodillas y sin embargo, algunas mujeres hacen la travesura de caminar erguidas. Hay mujeres que rompen las instrucciones de ensamblado y se ponen de pie. Hay mujeres sin miedo.
Mi nombre es Marcos, tengo el defecto individual de ser hombre, macho, varón; y la virtud colectiva de ser los que somos, las que somos zapatistas.
Como tal, como tales, confieso que me asombra y maravilla ver a una mujer levantarse y ver saltar, rotas en pedazos, las instrucciones de su ensamblaje.
Es tan hermosa una mujer de pie, que da escalofríos el sólo mirarla.
Salud a estas mujeres, a nuestras compañeras presas y a las que aquí se congregan.
Salud a su no tener miedo.
Salud a la valentía que nos contagian, a la convicción que nos transmiten de que si no hacemos nada para cambiar este sistema somos cómplices de él.
Desde la Otra Ciudad de México."

viernes, 9 de marzo de 2012

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor del fuego...

"Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor del fuego"

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.

Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un exámen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.

El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.

Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.

Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

                             Simone Seija Pareyro.

miércoles, 6 de abril de 2011

La Mujer en Guinea-Bissau.

Bissorã, 5 de abril del 2011

No dejo de impresionarme con la mujer guineana. Fuerte, temperamental, sufridora, terrenal y trabajadora. Son luchadoras natas, el pilar que sustenta el hogar y la familia. Eternas cuidadoras de enfermos, ancianos, niños propios o ajenos y maridos que a menudo deben compartir con otras. Viven al servicio de los demás. Desde muy niñas aprenden y asumen sin rechistar su rol, pero no pierden la alegría y el humor además de que cualquier excusa es buena para bailar hasta la extenuación.
Parecen llevar las riendas en la sociedad por su fuerte carácter pero en realidad sólo es pura fachada, no hace falta hurgar mucho para descubrir  que  tristemente son las últimas en pintar algo y que al hombre parece importarle más bien poco todo el sacrificio que por ellos hacen.
Son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse, son el motor del país siempre a la sombra y exentas de reconocimiento. Su voz ni se oye, ni se escucha.
Deben realizar el doble de esfuerzo que un hombre para obtener la mitad de los meritos que al macho guineano se le otorgan.
La misoginia es un problema mundial y en África se acentúa tanto que difícilmente pasa un día sin que se me revuelvan las tripas de rabia. Son los hombres los que tienen el poder político y económico mientras la mujer queda marginada en la esfera de lo privado, dejándose los cuernos en las tareas domésticas y en el mantenimiento de decenas de niños que deben criar. Además de esclavas del hogar y la familia, son trabajadoras incansables de la tierra. Labran el suelo bajo el  castigador Sol africano con un niño amarrado a su cintura que cargan en la espalda como si fuera una prolongación de su cuerpo. También son vendedoras en los mercados que se organizan en las ciudades más importantes de la zona. Suelen desplazarse a pie para lo cual deben comenzar andar antes de que el Sol se ponga por los caminos empedrados y erosionados  o por el poco asfalto abrasador que recorre este pequeño pedazo de tierra. La mercancía siempre en la cabeza, donde son capaces de cargar pesos incompresibles con un equilibrio de trapecista además de llevar siempre al más pequeño de sus hijos como mochila. Tras pasar el día intentando vender unos cuantos plátanos, tomates, mangos, algún cerdo o cabrito, regresan a casa recorriendo varios km, dónde les espera el marido exigiendo sin pudor un plato de comida sobre la mesa y unas cuantas criaturas esperando a ser amamantadas.
Así es la vida de la mujer guineana y así ellas la aceptan como si no existiera condición mejor. Sufren y no se quejan.
De la fortaleza de estas mujeres nacen sus hijas, calcos de sus progenitoras que aceptan el machismo porque así las han educado. Repiten el esquema aprendido al casarse con sus maridos y formar una familia con el mismo molde.
Cocinan para un regimiento, sin ollas a presión, ni cocinas de gas y mucho menos eléctricas. Lavan la ropa sin lavadoras y deben andar al pozo para conseguir el agua necesaria para este trabajo. Limpian la casa agachadas o de rodillas porque una escoba o fregona es un lujo. Además de que deben hacerse cargo de la chiquillería que han parido y ser buenas esposas y amantes sirviendo a su marido que a fuerza de vivir como un marqués se ha convertido en un dependiente  incapaz de encender el fogón para calentarse el arroz o lavarse sus intimidades.
 El patriarcado es sustentado en gran parte por la aceptación femenina de este sistema, no pretendo culpar exclusivamente al hombre de este problema. Sólo trato reflejar la realidad que yo cómo mujer occidental observo en esta tierra y que me entristece profundamente.
Además de lo anteriormente mencionado, las mujeres siempre quedan en un segundo plano, también claro está en el ámbito educativo. La tasa de analfabetos en Guinea-Bissau es  notablemente superior en el género femenino. Los varones siempre son los  primeros en ir a la escuela mientras una vez más la mujer queda postergada al hogar y la familia. Esta tendencia en los últimos años se ha ido corrigiendo y cada vez son más las niñas a las que se les respeta su derecho de educación. 
Para el final me he dejado la más terrible de las atrocidades que se comenten contra la mujer aquí. A muchas guineanas se las ha negado de por vida el derecho más íntimo del ser humano, el derecho al placer. De pequeñas les robaron para siempre el centro de la sexualidad femenina. Una lámina o cuchilla afilada y en el mejor de los casos un cuchillo les arrancó su clítoris. Cortándoles un pedazo de sexualidad condenándolas  así a no descubrir jamás el placer del acto sexual. La mutilación es el símbolo supremo de la cultura opresiva patriarcal  y por muy increíble que nos parezca este acto de dominación se sigue ejerciendo en muchos lugares del planeta Tierra. Si bien es cierto que el número de mutiladas en Guinea-Bissau se ha reducido considerablemente debido a los esfuerzos del gobierno y a la concienciación del pueblo. En la actualidad esta práctica es cada vez menos usual quedando reducida a algunos grupos étnicos en las zonas más aisladas del país.

Espero que algún día  ellas consigan aprovechar todo el carácter, fuerza y  coraje que las caracteriza para revelarse y  defender sus derechos que tantas veces les son negados.  Espero que algún día ellos dejen de vivir en la postura cómoda del machismo para apoyar a  sus madres, mujeres, hijas, hermanas y amigas. Espero que algún día estas diferencias de género acaben en el mundo y que se eduquen a las nuevas generaciones venideras en una igualdad real.

PAU

martes, 9 de marzo de 2010

POR LA IGUALDAD!!





Esta entrada la publico con algo de retraso, ya que el día internacional de la mujer fue ayer 8 de Marzo. Pero creo que no es el día el que tiene que cobrar relevancia si no la lucha feminista que es una lucha diaria.




Para empezar quiero aclarar lo que para mi es el feminismo: es una lucha mal entendida y que frecuentemente se confunde con el hembrismo. Feminismo no es el antónimo de machismo, feminismo no es la defensa de la mujer en detrimento del hombre.






FEMINISMO ES LA LUCHA MIXTA POR LA IGUALDAD ENTRE HOMBRE Y MUJER.






Por eso creo que es necesario hacer del feminismo un referente imprescindible para no tener una visión sesgada del mundo y construir entre todos una sociedad más justa y menos opresiva.


En la actualidad las mujeres han derribado muchos muros pero esto no quiere decir que no nos quede un largo camino por recorrer.


Muchas personas creen que ya se han alcanzado todas las cuotas de igualdad, el gran reto es hacer de esta igualdad ficticia una igualdad real en cada uno de los momentos y lugares de la vida social, política, sexual, económica, cultural...


A pesar de lo avanzado continua reproduciendose la desigualdad tanto en la esfera pública como en la privada y no podemos ignorar la condición de semiesclavitud en la que hoy en día continúan sobreviviendo tantas mujeres en la mayor parte del planeta.


Siguen existiendo personas que no logran comprender el conflicto de géneros, esto es debido a que en los países llamados desarrollados han desaparecido las desigualdades legales (con desigualdades legales me refiero a la educación, el derecho a voto y el trabajo remunerado en la esfera pública). Estos logros invisibilizan muchas otras desigualdades más sútiles y otras que no lo son tanto.


Muchos hombres y también muchas mujeres se empeñan en repetir que en la actualidad el feminismo es un movimiento obsoleto y absurdo porque consideran que ya esta todo ganado y que ambos sexos vivimos en igualdad de condiciones, estas personas simplemente viven con una enorme venda en sus ojos.


Mujeres y hombres estamos determinados por una socialización diferencial a través de la cual interiorizamos mensajes distintos y aunque existen diferencias biológicas objetivas entre ambos sexos esta socialización nos hace reproducir conductas distintas.


Nacer mujer es haber nacido en el sexo socialmente considerado menos fuerte, sexo infravalorado y fecuentemente sobreprotegido. Esta sobreprotección puede generar tendencia a la pasividad y a la autolimitación. Es por ello que debemos demostrar que las cosas no son así y que nosotras podemos, pero que esta lucha no es exclusiva de la mujer, que el feminismo es una lucha mixta y que sin ellos nunca se conseguirá la igualdad real.