jueves, 4 de noviembre de 2010

ÁFRICA.

Cada vez queda menos, apenas una semanita para cumplir uno de mis sueños y a medida que pasan los días son mayores también mis miedos, Guniea Bissau me espera.
Asi que me veré obligada a dar un parón con el blog, ya que desde esos rincones recónditos raras veces conseguiré conectarme.
Se que a la vuelta tendré material suficiente para rellenar estos 6 meses de abandono.

Dejo un artículo de Saramago que viene al pelo.

África

En África, dijo alguien, los muertos son negros y las armas son blancas. Sería difícil encontrar una síntesis más perfecta de la sucesión de desastres que fue y sigue siendo, desde hace siglos, la existencia en el continente africano. El lugar del mundo donde se cree que la humanidad nació no era ciertamente el paraíso terrenal cuando los primeros “descubridores” europeos desembarcaron (al contrario de lo que dice el mito bíblico, Adán no fue expulsado del edén, simplemente nunca entró
en él), pero con la llegada del hombre blanco se abrieron de par en par, para los negros, las puertas del infierno. Esas puerta siguen implacablemente abiertas, generaciones y generaciones de africanos han sido lanzadas a la hoguera ante la apenas disimulada indiferencia o la impúdica complicidad de la opinión pública mundial. Un millón de negros muertos por la guerra, por el hambre o por enfermedades que podrían haber sido curadas, pesará siempre menos en la balanza de cualquier país dominador y ocupará menos espacio en los noticiarios que las quince víctimas de un serial killer.Sabemos que el horror, en todas sus manifestaciones, las más crueles, las más atroces e infames,barre y asola todos los días, como una maldición, nuestro desgraciado planeta, pero África parece haberse convertido en su espacio preferido, en su laboratorio experimental, el lugar donde el horror se siente más a sus anchas para cometer ofensas que creíamos inconcebibles, como si los pueblos africanos hubiesen sido señalados al nacer con un destino de cobayas, sobre las que, por definición, todas las violencias serían permitidas, todas las torturas justificadas, todos los crímenes absueltos.Contra lo que ingenuamente muchos se obstinan en creer, no habrá un tribunal de Dios o de la Historia para juzgar las atrocidades cometidas por hombres sobre otros hombres. El futuro, siempre tan disponible para decretar esa modalidad de amnistía general que es el olvido disfrazado de perdón, también es hábil en homologar, tácita o explícitamente, cuando tal convenga a los nuevos
arreglos económicos, militares o políticos, la impunidad de por vida a los autores directos e indirectos de las más monstruosas acciones contra la carne y el espíritu. Es un error entregarle al futuro el encargo de juzgar a los responsables del sufrimiento de las víctimas de ahora, porque ese futuro no dejará de hacer también sus víctimas e igualmente no resistirá la tentación de posponer para otro futuro aun más lejano el mirífico momento de la justicia universal en que muchos de nosotros fingimos creer como la manera más fácil, y también la más hipócrita, de eludir responsabilidades que solo a nosotros nos caben, a este presente que somos. Se puede comprender que alguien se disculpe alegando: “No lo sabia”, pero es inaceptable que digamos: “Prefiero no saberlo”. El funcionamiento del mundo dejó de ser el completo misterio que fue, las palancas del mal se encuentran a la vista de todos, para las manos que las manejan ya no hay guantes suficientes que les oculten las manchas de sangre. Debería por tanto ser fácil para cualquiera una elección entre el lado de la verdad y el lado de la mentira, entre el respeto humano y el desprecio por el otro, entre los que están por la vida y los que están contra ella. Desgraciadamente las cosas no siempre suceden así. El egoísmo personal, la comodidad, la falta de generosidad, las pequeñas cobardías de lo cotidiano, todo esto contribuye para esa perniciosa forma de ceguera mental que consiste en estar en el mundo y no ver el mundo, o solo ver lo que, en cada momento, sea susceptible de servir a nuestros intereses. En tales casos solo podemos desear que la conciencia venga, nos tome por el brazo, nos sacuda y nos pregunte a quemarropa: “¿Adónde vas? ¿Qué haces? ¿Quién te crees que eres?”.
Una insurrección de las conciencia libres es lo que necesitaríamos. ¿Será todavía posible?

No tengo mucho más que añadir, quizá a la vuelta.
Espero que al final el mensaje sea más esperanzador.

jueves, 19 de agosto de 2010

We feed the world.


Así se titula el documental austriaco que vi ayer, realmente a una se le quitan las ganas de comer después de esto.
Vivimos en una espiral de hambre, pobreza y destrucción medioambiental sostenida por los países del Norte. Este documental nos muestra la verdadera cara de la moneda, sobre la industria de la alimentación. Creo que vivimos en un mundo frenético en el que pocas veces te paras a pensar en el recorrido que hace un tomate desde el invernadero a tu nevera, o que suerte ha vivido el pollo que has comprado en el supermercado. Comemos productos de mentira que crecen en un mundo hipócrita. Vivimos en la era de la globalización donde existe el libre mercado de productos, pero no de personas.
El documental muestra datos escalofriantes sobre la industrialización de los alimentos. Por ejemplo 350.000 héctareas de tierra agrícola sobre todo en Latino-Ámerica (especialmente en la Selva Amazónica) están dedicadas al cultivo de Soja para alimentar al ganado Europeo, mientras que el 25% de la población local pasa hambre. Es paradójico como alimentamos a nuestros cerdos, con soja cultivada en una selva desforestada mientras la población autóctona se muere de hambre .Esto es sólo uno de los ejemplos de la incoherencia de la política alimentaria mundial. Por esta razón afirma Jean Ziegler (relator de la ONU para la alimentación) que cada niño que muere de hambre en el mundo es realmente un asesinato. Pues existe en el globo suficiente cómida para todos, pero no está bien repartida.
Es cierto que antes de ver el documental era consciente del tremendo desajuste y kaos que gobierna en el mundo, pero después de escuchar dátos tan crudos y ver imágenes tan explícitas se te queda el cuerpo en estado de alarma y te invade la típica sensación de odio a todo lo que hoy en día se le califica como desarrollo.
Desarrollados, así se denominan los países del Norte que sin ética ni escrúpulos chupan la sangre y recursos del resto de países a los que denominamos Subdesarrollados. Una vez más este documental hace que me cuestione sobre que es verdaderamente el desarrollo.
En mi opinión el camino que llevamos no es el correcto, las imágenes hablan por sí solas. Ya no sabemos lo que comemos,todo ha perdido su sabor original por culpa de la excesiva industrializacin. Con esto no quiero decir que no sea ventajoso la introducción de maquinaria en el mundo rural, ni que se vuelva en su totalidad a la agricultura tradicional. Ya que las máquinas han liberado en cierta manera al hombre de un trabajo muy esclavo, pero si el desarrollo no es sostenible nada de esto tiene sentido. Es una espiral que nos afecta a todos. El documental nos muestra el precio humano, social y ecólogico que cuesta poder tener en el super hortalizas en cualquier época del año y pollo en bandeja a un módico precio. Mientras tanto los agrícultores áfricanos se ahogan con la superabundancía de productos europeos con bajos precios con los que no pueden competir.
Para finalizar aparece un pátetico y surrealista discurso de uno de los hombres más poderosos del mundo, el Director General de Nestlé, que sin ningún atisbo de vergüenza se atreve a afirmar que el agua debería privatizarse y ser comercializada como el resto de los alimentos diciendo que las Ong´s sostienen una postura extrema, al defender el agua como un derecho público y universal.
Un documental que te remueve la conciencia "Nosotros alimentamos al mundo" y también nosotros causamos ruina y miseria con nuestra industria agroalimentaria.
Tomar conciencia no es díficil, lo realmente duro es actuar, pues todos estamos metidos en el saco del mounstruo capitalista, pero es cierto que en la mano de los consumidores existe la posibilidad de dar un pequeño giro de tuerca a esta locura.
Comprar productos bio, ecológicos o de comercio justo, no malgastar la comida tontamente, aprovechar, reutilizar, son muchas de las acciones que podemos realizar en nuestra vida cotidiana.
Saber lo que compramos, informarnos sobre el orígen de los productos son fórmulas simples y al alcance de todos. Las excusas siempre son las mismas: no tengo ningún super ecológico a mano, o los productos son mucho más caros y la economía no me llega. Pues bien existen otras alternativas como poder plantar un huertecillo para la autogestión de ciertos productos en tú propia casa o boicotear a grandes empresas que se aprobechan del sistema para crear desequilibrio entre Norte y Sur.
Pero muchas veces el consumidor no sabe las triquiñuelas que encierra la industria, el cambio esta al alcance de todos pero las reglas del juego pasan por las altas esferas.

PAU

miércoles, 18 de agosto de 2010

Un tesoro en la nave


Tengo últimamente abandonado el blog, pero desde que me mudé a Barna, me ha sobrado poco tiempo para dedicarme a esto.
Desde que estoy en la Ong, no he parado de hacer cosas que nunca jamas me imaginé que terminaria haciendo como clasificar zapatos o limpiar naves. Es en la nave llena de basura y polvo donde encontramos esta reliquia: cientos de gafas de sol y de culo de vaso, a las que con una buena ducha se les podía dar una gran salida. Una parte de ellas ya están en una tiendecita esperando a ser compradas.
Ahí va una foto del tesoro de la nave.
 

miércoles, 7 de julio de 2010

jueves, 1 de julio de 2010

Se fué un grande.

El mundo necesita más personas como él.
Enorme Saramago.

"Como escritor, creo que no me he separado jamás de mi conciencia de ciudadano. Considero que donde va uno, debe ir otro. No recuerdo haber escrito una sola palabra que estuviera en contradicción con las convicciones políticas que defiendo, pero eso no significa que haya puesto alguna vez la literatura al servicio directo de la ideología que es la mía. Por supuesto, eso sí, al escribir procuro, en cada palabra, expresar la totalidad del hombre que soy.

Repito: no separo la condición de escritor de la de ciudadano, aunque no confundo la condición de escritor con la de militante político. Es cierto que la gente me conoce más como escritor, pero también están quienes, con independencia de la mayor o menor relevancia que reconozcan en las obras que escribo, piensen que lo que digo como ciudadano común les interesa y les importa. Aunque sea el escritor, y solo él, quien lleva sobre los hombros la responsabilidad de ser esa voz.
El escritor, si es persona de su tiempo, si no se quedó anclado en el pasado, tiene que conocer los problemas de tiempo en que le tocó vivir. ¿Y qué problemas son los de hoy? Que no estamos construyendo un mundo aceptable, bien por el contrario, vivemos en un mundo que va de mal en peor y que humanamente no sirve. Atención, por favor: que no se confunda lo que reclamo con ningún tipo de expresión moralizante, con una literatura que dice a la gente de qué manera debe comportarse. Hablo de otra cosa, de la necesidad de contenidos éticos, sin ningún trazo de demagogia. Y, condición fundamental, que no se aparte nunca de la exigencia de un punto de vista crítico."

Saramago

miércoles, 9 de junio de 2010

gaticos.



Estos felinos son los principales habitantes del casco de Toledo

Camisetas pintadas para Ladra.

Camiseta pintada a mano: El conejo  20 euros (vendida)

Camiseta pintada a mano: El sombrerero loco 15 euros (vendida)
Camiseta pintada a mano: Pipi y Sr. Nilsson 12 euros (vendida)


-PAU-