Un dibujillo más, hecho con acuarelas y lapiceros.
jueves, 26 de julio de 2012
martes, 24 de julio de 2012
Piece of my heart
Como
cada final de curso toca ordenar apuntes, amontonarlos en carpetas y buscarles
un sitio en el armario por si alguna vez volvieran a serme útiles, reestructurando
folios aparecen cosas como esta, un retrato de Janis Joplin a carboncillo que
ya hice hace unos cuantos años. Nunca me convenció y por eso nunca me
decidí a subirlo al blog. No sé ...su medio sonrisa me inquieta, pero viendo que últimamente
esto lo tengo tremendamente abandonado pues ahí lo dejo.
lunes, 7 de mayo de 2012
los muchos mundos de los muchos "yos"
" La idea fija taladra cada minuto, el pensamiento
teje y desteje la trama,
vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio infinito,
vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio infinito,
eres un hilo de la trama y un latido del minuto, el
ojo que taladra y el ojo tejedor,
al entrar en ti mismo no sales del mundo, hay
ríos y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,
en tu sangre navegan imperios, turbinas,
bibliotecas, jardines,
también hay animales, plantas, seres de otros
mundos, las galaxias circulan en tus neuronas,
al entrar en ti mismo entras en este mundo y en los
otros mundos,
entras en lo que vio el astrónomo en su
telescopio, el matemático en sus ecuaciones:el desorden y la simetría, el accidente y las
rimas, las duplicaciones y las mutaciones"
OCTAVIO PAZ
jueves, 12 de abril de 2012
Porque siempre habrá contraescuelas en este mundo al revés
Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del
mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo:
unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no
duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos
entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce
a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos.
Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de
aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas,
nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la
realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a
aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo
recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de
impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin
gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su
aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.
Eduardo Galeano
miércoles, 21 de marzo de 2012
DIGNA RABIA!
Camiseta pintada a mano: EZLN 15 euros (vendida)
-Pau-
"Buenas noches. Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente
Marcos.
Para quienes conocen al zapatismo tal vez no sea
necesario explicar qué hago aquí, en un acto de mujeres y para mujeres.
Claro que no son mujeres así nomás, sino mujeres
que han decidido alzar la voz para protestar por las agresiones que, por parte
de la policía, sufrieron y sufren otras mujeres a partir de los días 3 y 4 de
mayo de 2006, en San Salvador Atenco, en el Estado de México, en la República
Mexicana.
Son, en uno y otro lado, mujeres sin miedo.
Mi nombre es Subcomandante Insurgente Marcos y
soy, entre otras cosas, el vocero del EZLN, una organización mayoritariamente
indígena que lucha por la democracia, la libertad y la justicia para nuestro
país que se llama México.
Como vocero del EZLN, por mi voz toman voz los
otros y otras que nos forman, que nos dan rostro, palabra, corazón.
Una voz colectiva pues.
En esa voz colectiva está la voz de las mujeres
zapatistas.
Y con nuestras voces y oídos, están también
nuestras miradas, nuestras luces y sombras zapatistas.
Me llamo Marcos y entre los múltiples defectos
individuales que cargo, a veces con cinismo y desparpajo, está el de ser
hombre, macho, varón.
Como tal, debo cargar, y no pocas veces
enarbolar, una serie de prototipos, lugares comunes, evidencias.
No sólo en lo que a mí y a mi sexo o género
respecta, también y sobre todo a lo que se refiere a la mujer, al género
femenino.
A los defectos que me definen individualmente,
alguien agregaría el que como zapatistas tenemos, a saber, el de no perder
todavía la capacidad de asombrarnos, de maravillarnos.
Como zapatistas a veces nos asomamos a otras
voces que sabemos ajenas, extrañas, y sin embargo, semejantes y propias.
Voces que asombran y maravillan nuestro oído con
su luz”¦ y con su sombra.
Voces, por ejemplo, de mujeres.
Desde el colectivo que nos da rostro y nombre,
paso y camino, nos esforzamos por elegir a dónde dirigir el oído y el corazón.
Así que ahora elegimos oír la voz de las mujeres
que no tienen miedo.
¿Se puede escuchar una luz? Y si así fuera, ¿se
puede escuchar una sombra?
¿Y quién más elige, como nosotras hoy, poner el
oído, y con él el pensamiento y el corazón, para escuchar esas voces?
Elegimos. Elegimos estar aquí, escuchar y
hacernos eco de una injusticia cometida en contra de mujeres.
Elegimos no tener miedo para escuchar a quienes
no tuvieron miedo para hablar.
Y no sólo. Esos malos gobiernos con sus acciones
pretendían cosechar miedo, y ahora resulta que no, que están cosechando
indignación y rabia.
Por los testimonios de esas detenidas sin miedo
que son nuestras compañeras, sabemos que fueron agredidas como mujeres,
violentadas en su cuerpo de mujer.
Y, por lo que sabemos también de su palabra, esa
violencia sobre su cuerpo les provocó placer a los policías.
Seguramente para el gobierno, ellas planearon
tener cuerpo de mujer y, con perversidad extrema, planearon que ése su cuerpo
fuera el botín para las “fuerzas de la legalidad”.
El señor Fox, gobernante federal del “cambio” y
del “Estado de Derecho”, hace unos meses nos aclaró que las mujeres son
“lavadoras de dos patas” (a confesión de partes, relevo de pagos en abonos y
pase usted al departamento de atención al cliente).
Y es que para allá arriba, estas máquinas de
placer y de trabajo que son los cuerpos de las mujeres, incluyen las
instrucciones de ensamblaje que el sistema dominante les asigna.
Si un ser humano nace mujer, a lo largo de su
vida debe recorrer un camino que ha sido construido especialmente para ella.
Ser niña. Ser adolescente. Ser mujer joven. Ser
adulta. Ser madura. Ser anciana.
Y no sólo desde la menarca hasta la menopausia.
El capitalismo ha descubierto que en la infancia y la ancianidad también se
obtienen objetos de trabajo y placer, y para la apropiación y administración de
esos objetos tenemos “Gobers Preciosos” y empresarios pedófilos en todas
partes.
La mujer, dicen allá arriba, debe caminar por la
vida implorando perdón y pidiendo permiso por y para ser mujer.
Y andar un camino lleno de alambre de púas.
Un camino por el que hay que transitar
arrastrándose, con la cabeza y el corazón pegados al suelo.
Y aún así, a pesar de seguir las instrucciones de
ensamblaje, ir recolectando arañazos, heridas, cicatrices, golpes,
amputaciones, muerte.
Y buscar a la responsable de esos dolores en una
misma, porque en el delito de ser mujeres viene incluida la condena.
En las instrucciones de ensamblaje de la
mercancía “Mujer” se explica que el modelo debe tener siempre la cabeza gacha;
que su posición más productiva es de rodillas; que el cerebro es prescindible
y, no pocas veces, su inclusión es contraproducente; que su corazón deber
alimentarse con frivolidades; que su ánimo debe sostenerse en la competencia
contra su mismo género para atraer al comprador, ese cliente siempre
insatisfecho que es el varón; que su ignorancia debe alimentarse para
garantizar un mejor funcionamiento; que el producto tiene la capacidad de
automantenimiento y mejora (y para eso hay una amplia gama de productos, además
de salones y talleres de hojalatería y pintura); que no sólo debe aprender a
reducir su vocabulario al “sí” y el “no”, sino, sobre todo, debe aprender
cuándo debe decir estas palabras.
Y de que, si por algún defecto de fabricación
involuntario o premeditado, alguna levanta la mirada, entonces la implacable
guadaña del Poder le cercena el lugar del pensamiento, y la condena a sólo
andar como si ser mujer fuera algo por lo que hay que pedir disculpas, y para
lo que hay que pedir permiso.
Para cumplir con esta garantía hay gobiernos que
suplen su falta de cerebro con las armas y los sexos de sus policías; y,
además, estos mismos gobiernos tienen manicomios, cárceles y cementerios para
las mujeres “descompuestas” irremediablemente.
Una bala, un tolete, un pene, una reja, un juez,
un gobierno, en fin, un sistema le pone, a la mujer que no pide disculpas ni
permiso, un letrero que reza “Fuera de Servicio. Producto No Reciclable”.
En la casa, el campo, la calle, la escuela, el
trabajo, el transporte, la cultura, el arte, la diversión, la ciencia, el
gobierno; las 24 horas del día y los 365 días del año; desde que nacen hasta
que mueren, las mujeres enfrentan este proceso de ensamblaje.
Pero hay mujeres que lo enfrentan con rebeldía.
Mujeres que en lugar de pedir permiso, imponen su
propia existencia.
Mujeres que en lugar de implorar perdón, exigen
justicia.
Porque las instrucciones de ensamblaje dicen que
la mujer debe ser sumisa y andar de rodillas y sin embargo, algunas mujeres
hacen la travesura de caminar erguidas. Hay mujeres que rompen las
instrucciones de ensamblado y se ponen de pie. Hay mujeres sin miedo.
Mi nombre es Marcos, tengo el defecto individual
de ser hombre, macho, varón; y la virtud colectiva de ser los que somos, las
que somos zapatistas.
Como tal, como tales, confieso que me asombra y
maravilla ver a una mujer levantarse y ver saltar, rotas en pedazos, las
instrucciones de su ensamblaje.
Es tan hermosa una mujer de pie, que da
escalofríos el sólo mirarla.
Salud a estas mujeres, a nuestras compañeras
presas y a las que aquí se congregan.
Salud a su no tener miedo.
Salud a la valentía que nos contagian, a la
convicción que nos transmiten de que si no hacemos nada para cambiar este
sistema somos cómplices de él.
Desde la Otra Ciudad de México."
viernes, 9 de marzo de 2012
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor del fuego...
"Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor del fuego"
Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que
las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que
en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan
las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy
presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras
escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños,
hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones
de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor
de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan,
festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran,
dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa
de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio,
el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el
corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de
que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a
dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de
un baile, o para preparar un exámen, o para cerrar una noche de cine.
Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo
que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de
adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en
los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras,
para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir,
departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El
futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez
no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros
ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos
muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos
enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y
no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos
cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de
seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos
para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en
blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras.
Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y
cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos.
Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos
dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada.
La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos
estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces,
más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en
aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos
todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza
cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las
mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su
presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y
armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.
Simone Seija Pareyro.
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